Hacer deporte. Proyecta tus actitudes y creencias

(Próximamente disponible en formato vídeo)

El deporte es un tema muy recurrente del que has de estar dispuesto a hablar. En el caso de que seas deportista, estarás de suerte y tendrás facilidad para conectar quienes comparten esta afición. Y si no es así, no te preocupes, porque vamos a ver cómo manejarlo. Veamos un ejemplo:
 
 —Me gusta mucho jugar al futbol con los amigos.
 —Esa es una buena forma de mantenerse en forma, siempre que no os paséis con las cervezas de después.
 —No digo que alguna vez no haya pasado. Aunque más que mantenerse en forma, que también, me gusta sentir ese instinto competitivo de luchar por ganar el partido. Eso el gimnasio no me lo da.
 —Bueno, en el gimnasio es cuestión de superarse a uno mismo. A mí me encanta hacerme tablas para ir midiendo resultados.
 —No es mala forma de motivarse.
 —Claro, en es esos casos se aplica lo que tu peor enemigo eres tú. O te buscas la vida para ser persistente y hacerlo con ilusión o estás perdido.
 —Así me gusta, que le pongas ganas. A mí me pasa algo similar, siempre me busco las mañas para hacer las cosas con ilusión.
 
 ¿Y de qué es de lo que siempre debes hablar? Aquellas actitudes positivas que has desarrollado o que pones en práctica en tu día a día. En este ejemplo tenemos la actitud de buscar la forma de hacer las cosas con ilusión.

Eso sí, no podemos pasarnos de perfectos o no vamos a resultar ni creíbles ni simpáticos. No es lo mismo decir "intento ponerle ilusión y ganas a todo lo que hago, aunque a veces me cueste", que decir: "yo siempre le pongo ilusión a todo".

El primer mensaje es más subjetivo, todos podemos identificarnos con él y es realista a ciencia cierta. La mayoría de la gente intenta poner ilusión a las cosas que hace (en principio) y a todos nos suele costar en según qué momentos. Eso da pie a que hablemos tanto de momentos en los que hemos utilizado esta actitud, cómo de aquellos en los que la hemos perdido.

La segunda frase "yo siempre le pongo ilusión a todo" parece una frase hecha y, especialmente a aquellos que pasen por un mal momento, incluso les podemos caer mal, resultarles prepotentes o causarles indiferencia. De ahí la importancia de que las actitudes positivas que mostremos estén dentro de un marco realista. Aunque eso sí, no olvides que la entonación variaría el significado. No es lo mismo decirla con seriedad que jugando con humor, sexualizando o transmitiendo un sentimiento romántico. Veamos esa diferencia en el tono:

Tono de conversación normal: yo siempre le pongo ilusión a todo
Tono con humor: yo siempre le pongo ilusión a todo
Tono sexualizando: yo siempre le pongo ilusión a todo
Tono con romanticismo: yo siempre le pongo ilusión a todo

Por otro lado, damos lugar a apoyar nuestra argumentación con historias, ¿recuerdas alguna en la que le pusiste ilusión a algo, aunque te costara?

Quizá fue una asignatura que solías suspender, o un jefe que no te trataba demasiado bien. Sin embargo, pese a todos los obstáculos, luchabas por mantener una actitud positiva. Como ejercicio, apunta y reflexiona sobre cómo podrías contar esas historias. Será una excelente fuente de anécdotas para usar en tus temas de conversación.

Sigamos con el ejemplo:

—Así me gusta, que le pongas ganas. A mí me pasa algo similar, siempre me busco las mañas para hacer las cosas con ilusión.
—Eso es, no queda otra. O luchas con ganas o la vida te devora.
—Esas es una de las cosas que más me gusta del fútbol. El espíritu competitivo que se respira.
—¿Aún en los partidos con amigos?
—Pufff, mis amigos son los peores. Si no fuera por lo cascaos que estamos todos ya, seguro que prepearían una inscripción para la Champions League.
—Qué exagerado. Pero eso está bien, que os sintáis aún con ilusión de ser futbolistas (provocación con picardía).
—Sí, de hecho, uno que tiene 50 años está pensando en matricularse con los alevines del Madrid (humor utilizando la exageración)
—Ja, ja, ja.
—Y tú, ¿cómo es que te dio por el fitness?

Para continuar esta conversación sobre el deporte vamos ahora hacia los inicios. Cómo, cuándo o por qué surgió nuestro interés por el deporte o por un deporte determinado. Esas son preguntas básicas para prolongar cualquier tema de conversación.
 
—Pues mi padre tenía un gimnasio montado en casa y a mí me gustaba hacer ejercicio con él. Para mí es importante, me conecta mucho a esos momentos.
—Te entiendo perfectamente, a mí me pasó algo parecido con el fútbol, aunque en mi caso fue mi hermano mayor en que me enganchó.
—¿Qué edad os lleváis?
—Me saca 5 años, así que te puedes imaginar la de balonazos que me he tragado.
—Ja, ja. Es lo que tiene, yo a mis hermanas pequeñas las llevo a raya.
—Sí, es curioso ese afán que tenéis los hermanos mayores de torturar al más débil.
—Hombre, nosotros llegamos antes. Pero dime, qué hizo para engancharte al futbol, además de darte balonazos.
—Pues él estaba muy metido, yo iba mucho con mis padres a ver sus partidos y con el tiempo acabé jugando en ese mismo equipo.
—Y qué tal, ¿alguno acabó triunfando?
—Triunfamos con lo bien que nos lo pasamos y ese espíritu de lucha que desarrollamos, muy útil para los profesores como yo para resistir una clase de 90 alumnos.
—Anda, ¿eres profesor?
 
Durante esta última parte del ejemplo llevamos el tema a su cierre. Hemos hablado del deporte en el presente, de cómo surgió en nuestro pasado y nos quedaría la opción de hablar sobre el futuro. Quizá de cómo nos vemos jugando al futbol con 80 años si las rodillas lo permiten o haciendo fitness siendo los más sexys de la tercera edad. En cualquier caso, veremos esta parte de hablar del futuro en otro tema. Ahora vamos a percatarnos de un detalle.
 
¿Cómo hemos girado el tema de conversación del deporte al trabajo? En lugar de decir a qué nos dedicamos o pregúntaselo a la otra persona, que suele ser algo más frío, hemos relacionado la actitud que hemos desarrollado en el deporte con su utilidad para aplicarla en el día a día en nuestro trabajo. 

Esas actitudes no solo son vitales para nutrir las conversaciones hablando de cómo somos, sino que nos sirven de puente para cambiar de un tema a otro o introducir historias en las que las utilizamos.

¿Y en el caso de que no nos apasione hacer deporte?

En ese caso te basarás en este principio para hablar de cosas que sí te apasionen y a su vez te permitan conectar con las actitudes de la otra persona. Recurriendo al ejemplo anterior, imagina que nos dicen:

—El gimnasio me permite superarme a mí misma. Me encanta hacerme tablas para ir midiendo resultados.

—Es importante llevar un seguimiento, yo creo que es una excelente forma de motivarse.

—Eso es, por eso lo hago.

—A mi me es muy útil para invertir en bolsa. Tengo mis hojas de Excel apuntando mis puntos de compra y venta y hago mis análisis para ver los resultados.

—Puff, eso debe ser muy complicado, ¿no?

—Bueno, es un reto de superación como haces tú en el gimnasio. Algo más imprevisible, pero si eres fiel a una estrategia, acabas consiguiendo lo que quieres. En la bolsa se dice que la paciencia paga.

—Totalmente, yo a la gente que va por la vida buscando resultados rápidos con el mínimo esfuerzo no la entiendo. Así no se consigue nada… En el gimnasio o eres constante o no avanzas.

Como ves, relacionamos aspectos como “medir resultados” afrontar “retos de superación” o cualidades como la “paciencia” para unir dos temas que nos apasionan pero que son muy distintos entre sí. 

De esta forma, ambos podéis habar de dos temas que os apasionan simplemente comentando sus sinergias y diferencias. Lo que nos lleva a evitar el quedarnos callados o aburrirnos al hablar de algo que no nos gusta.

Como ejercicio extra, puedes pensar en las sinergias que tienen distintos temas y cómo podrías entrelazarlos entre sí tal y como acabamos de hacer.